domingo, 29 de noviembre de 2009

Fragmento de LA LEYENDA PATRIA

Es la voz de la patria... Pide gloria...
Yo obedezco esa voz. A su llamado,
Siento en el alma abiertos
Los sepulcros que pueblan mi memoria,
Y, en el sudario envueltos de la historia,
Levantarse sus muertos.
Uno de ellos, recuerdo pavoroso
De un lustro triste, se levanta impuro,
Como visión que en un insomnio brota
Del fondo nebuloso
A la voz de un conjuro, y su flotante
Negra veste talar mi frente azota.
¡Lustro de maldición, lustro sombrío!
Noche de esclavitud, de amargas horas,
Sin perfumes, sin cantos, sin auroras,
Vaga en la margen del paterno río...

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Vida

En ocasiones me pregunto
si tiene que ser así.
Tanta tristeza
Tanta oscuridad
Tanta.

Se cansa el espíritu
se agota la alegría
y tiemblo, tiemblo
ante esa idea...
que pase
y se torne irreversible.
Pero luego miro en derredor
veo luz, vida
veo flores, sonrisas, niños
aves,otros animales, cantos
y sonrío yo también:

Amo la Vida
con el bueno con el malo
con sus risas y sus llantos
canciones y dolor

Amo la Vida
sus bellezas, sus miserias
y sus niños harapientos
que nos traen tanto amor.

La desesperación

Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas la tierra iluminar.

Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.

Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha al parecer,
y luego embravecida
que estalla y que se agita
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.

Que el trueno me despierte
con su ronco estampido,
y al mundo adormecido
le haga estremecer,
que rayos cada instante
caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento
me agrada mucho ver.

La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
y oír como chirrea
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Me gusta una campiña
de nieve tapizada,
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre
y sólo se vislumbre
la muerte en derredor.

Allá, en sombrío monte,
solar desmantelado,
me place en sumo grado
la luna al reflejar,
moverse las veletas
con áspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar.

Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas,
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.

Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega,
y arrasa por doquier;
se lleva los ganados
y las vides sin pausa,
y estragos miles causa,
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar;
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.

Romper después las copas,
los platos, las barajas,
y abiertas las navajas,
buscando el corazón;
oír luego los brindis
mezclados con quejidos
que lanzan los heridos
en llanto y confusión.

Me alegra oír al uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos,
en trino desusado,
cantan al dios vendado
impúdica canción.

Me agradan las queridas
tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello...
¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!

José de Espronceda 1808 - 1842

lunes, 16 de noviembre de 2009

ETERNIDAD

Yo queria envejecer contigo.
Mas si ello no sucede
si tuviere que partir,
a dondequiera que fuere
esperaré por tí.
Y si una familia eterna
consiguiéramos tener
nada me importaría
en esta vida padecer.
Porque yo te amo tanto
que me rehúso a creer
que después de esta vida
no nos volveremos a ver...



domingo, 15 de noviembre de 2009

Soledad y recuerdo


Recorremos solos el camino
que nos lleva y nos arrastra
y nos obliga
Y nos llena a la vez
de esperanza.
Y digo solos ...
¿acaso alguien nos acompaña?
Somos muchos...
tantos...
Aún así seguimos solos
soñando y esperando
¿acaso crees que vas con otro?
quizás un momento solo,
mas en todo camino hay recodos
y solemos perder algo
o alguien...
Guardemos siempre con nosotros
recuerdos dulces del camino
momentos compartidos con amigos
antes de llegar a los recodos
(Lo bueno sería conservarlos
hasta llegar
al fin de ese camino...)

Debilidad y Fortaleza


Volar

en alas del viento.

Sentir

el alma libre

Recorrer

el espacio y el tiempo.

Etéreo el pensamiento

agil y suave

grácil y frágil ...

¿es realmente difícil?

Soñar ...

Soñar...

Acaso el hombre puede

elevarse por sobre todo

por sobre sí mismo,

sobre sus mezquindades

sobre sus verguenzas

también, ¿por qué no?

sobre sus virtudes

y sobre sus éxitos...?

Soñemos...

algun dia...

quizas...

algo de esto

suceda.-


REFLEXIONES DE MI NIÑO (CUANDO TENIA 4 AÑOS)
"eres la mejor madre que tengo" (eso fue cuando le di un regalito y mientras me abrazaba con toda su fuerza...

"... los gigantes comen hojas de árboles porque no tienen perejil..."
(haciendo comparaciones)

AYER

Ayer,
al pasar tú ami lado
el cascabel de tu risa
me hizo daño
al mezclarse
con el cristal de mis lágrimas.
Ayer,
al pasar tú a mi lado
sentí que todo a mi alrededor
caía
hecho pedazos
un mundo trucado...
Ayer,
con ella ibas de la mano
besos, ternura,
sólo para ella han quedado.
Tú convertiste en pasado
nuestros paseos abrazados
nuestros versos esbozados
nuestro amor aniñado...

AMORES

OTROS AMORES...

La lánguida calidez
la ensoñadora fragancia
de la mañana veraniega
hacen presa en mí
enlenteciendo mis movimientos,
amodorrándome...
La laxitud extrema de mis miembros
me sienta mal,
me acongoja
El aire late
acompasadamente
trayendo cadencias
cadencias misteriosas
de otras épocas
de otras tristezas
de otros amores...
Amores
tristezas
que fueron vivos
y vividos
con nuestra misma pasión
con nuestro mismo dolor
con nuestras mismas
alegrías y emociones
por otros seres
que vivieron
amaron y esoeraron...

LA LOCA DEL BEQUELO

En la enramada de un rancho viejo,
Nido de gauchos cerca de Yi,
Guitarra antigua tierna cantaba,

Más bien, lloraba
La triste historia que escribo aquí.
-¿Sabéis, paisanos, por qué ando errante
Bajo estos bosques de Bequeló?
Me llaman loca; pero es mentira:
Es que no tengo ya corazón...
Venid, paisanos, venid conmigo;
Diré mi historia junto al fogón.

¿Veis mis cabellos? Eran muy negros,
Más que las alas del cuervo, más;
Están muy secos... tan blancos... blancos.
Como las flores del arrayán.
¿Veis estos ojos? ¿No tienen vida?
Pues antes puros como el cristal,
Fueron des luces que se encendieron
En una aurora del Uruguay.
Tristes mis labios son amarillos
Como el pellejo de butyhá;
;Ay! los tenía rojos y alegres
Como el penacho del cardenal.

Allá en la loma como un calvario
Veréis ruinas y un triste ombú;
Fueron mi cuna, fueron mi estancia,
Fueron mi nido verde y azul.
Cuando yo muera, clavad, paisanos,
Bajo aquel árbol mi humilde cruz;
Que allí murieron mis dichas todas;
Allí he perdido mi juventud.

Tenía un esposo que ardiente amaba,
Y un hijo bello que era mi Dios.
¡Ah, qué contenta perdiera el cielo
Si yo pudiera ver a los dos!
Una mañana... ¡Maldita sea!
Cuando esta guerra se pronunció.
Mi esposo tierno me dio un abrazo,
Llorando mucho su hijo besó,
Pálido el rostro tomó su lanza.
Montó a caballo triste, y partió.
Aun me parece lo ven mis ojos
De lejas lomas haciendo ¡Adiós!

¡Ay! mis paisanos, en ese día
Perdí un pedazo del corazón...

Pasaron meses, pasaron años,
Llorando siempre, siempre peor,
Cuando una tarde que al hijo amado
De mis entrañas contaba yo
Del pobre padre, que no volvía,
La ausencia larga, su último adiós,
Cruzando campo, llegó un sargento,
De su caballo se desmontó,
Y al rayo solo de mi esperanza
Estas palabras le dirigió:

¿Ves esta lanza? fue de tu padre;
Por su divisa bravo murió:
Tómala, y vamos, no te demores,
Que en las cuchillas se duerme el sol.
Llorando mi hijo me dio un abrazo,
Montó a caballo, triste, y partió.
¡Ay! mis paisanos, en esa tarde
Quedó mi pecho sin corazón.

Ya van dos veces que las torcaces
Dulces arrullan en el sauzal,
Y los boyeros, cantando alegres,
Cuelgan sus nidos del ñandubay;
Pero no he visto más a mi hijo
Desde esa tarde negra y fatal.
Allá en la loma como un calvario
Veréis ruinas y un triste ombú:
Cuando yo muera, clavad, paisanos.
Bajo aquel árbol mi humilde cruz.

Ésta es la historia que una guitarra
De un rancho viejo, triste lloró.
¡Ay! cuántas locas habrá en mi patria
Como la loca de Bequeló.

Ramón de Santiago (1833-1900)
URUGUAYO.-