Como es habitual en las mañanas, me acompaña la televisión, la escucho casi como un ronroneo. Ahora habla una chica que escribió un libro sobre la tragedia de los Andes. Inmediatamente viene a mi memoria la voz de Carlos Páez Vilaró en la radio, diciembre del año 1972, leyendo la lista de sobrevivientes, la voz de un padre quebrándose al leer el nombre de su hijo, la voz de un hombre que no se rindió , que a pesar de tener todas las probabilidades en contra, no perdió la esperanza. Era una niña entonces, no entendía bien la magnitud de lo que estaba pasando, pero recuerdo como si fuera hoy ese momento ... Cuando creo que no saldré, cuando pienso que claudicaré, cuando siento que no queda nada por hacer, recuerdo esa voz ..."Carlitos Páez ... mi hijo ...Carlitos Páez ... mi hijo..." No nos rindamos nunca, sigamos adelante, luchemos, soñemos... que podemos!
domingo, 27 de enero de 2019
jueves, 5 de enero de 2012
Recuerdos.
Debo estar poniéndome vieja , me pongo nostálgica por momentos y mi mente trae a flote recuerdos de... no preguntes cuanto tiempo. Este, por ejemplo es de cuando nos fuimos a vivir a la ciudad de Rivera:
Mi padre era "blanco como gueso de bagual" así se definía entre risas y miradas traviesas, mientras en nuestro moderno combinado sonaban, al volúmen máximo, las notas de la Marcha Tres Arboles. Eso lograba que el Cabo Viejo (como le llamaba todo el barrio)comenzara a desfilar marcialmente por la cuadra, de esquina a esquina, ida y vuelta, para terminar luego con sus pobres huesos en el duro suelo de la vereda frente a su casa, donde podía llegar a permanecer varios días, "durmiendo la mona". Pero la imagen que tengo grabada en la memoria, es la de papá agachado junto a él, colocando en su frente una bolsa de hielo, o cubriéndole con una manta. Todos decían que estaba loco: el alcohol había causado estragos en su pobre cabeza, vivía en otro tiempo, luchaba en guerras pasadas, resucitaba al general Aparicio Saravia, con quien aseguraba haber compartido batallas, victorias, derrotas ... Todos le temían, de ahí que cuando parió su gata y oyeron que le pediría un gatito, más de uno intentara disuadirme de la idea ... pero con 5 años yo estaba decidida, no le tenía miedo, quizás estuviera aprendiendo a sentir pena, respeto, no sé, quizas y sin saberlo entonces, tuviera el deseo de demostrar que la soledad hace daño y que todos necesitamos de los demás para estar bien ... Volviendo a los hechos: la tarde que nos ocupa , mi hermano y yo fuimos a ver al Cabo Viejo, le pedí un gatito, él ofreció cambiármelo por un beso mientras con un dedo larguísimo señalaba una macilenta mejilla, a lo que accedí sin dudar. En ese momento vi la sonrisa más amplia y feliz de mi vida... y de ahí en más tuve dos nuevos amigos: mi gato "Vintén" y ... el Cabo Viejo.
Mi padre era "blanco como gueso de bagual" así se definía entre risas y miradas traviesas, mientras en nuestro moderno combinado sonaban, al volúmen máximo, las notas de la Marcha Tres Arboles. Eso lograba que el Cabo Viejo (como le llamaba todo el barrio)comenzara a desfilar marcialmente por la cuadra, de esquina a esquina, ida y vuelta, para terminar luego con sus pobres huesos en el duro suelo de la vereda frente a su casa, donde podía llegar a permanecer varios días, "durmiendo la mona". Pero la imagen que tengo grabada en la memoria, es la de papá agachado junto a él, colocando en su frente una bolsa de hielo, o cubriéndole con una manta. Todos decían que estaba loco: el alcohol había causado estragos en su pobre cabeza, vivía en otro tiempo, luchaba en guerras pasadas, resucitaba al general Aparicio Saravia, con quien aseguraba haber compartido batallas, victorias, derrotas ... Todos le temían, de ahí que cuando parió su gata y oyeron que le pediría un gatito, más de uno intentara disuadirme de la idea ... pero con 5 años yo estaba decidida, no le tenía miedo, quizás estuviera aprendiendo a sentir pena, respeto, no sé, quizas y sin saberlo entonces, tuviera el deseo de demostrar que la soledad hace daño y que todos necesitamos de los demás para estar bien ... Volviendo a los hechos: la tarde que nos ocupa , mi hermano y yo fuimos a ver al Cabo Viejo, le pedí un gatito, él ofreció cambiármelo por un beso mientras con un dedo larguísimo señalaba una macilenta mejilla, a lo que accedí sin dudar. En ese momento vi la sonrisa más amplia y feliz de mi vida... y de ahí en más tuve dos nuevos amigos: mi gato "Vintén" y ... el Cabo Viejo.
domingo, 7 de febrero de 2010
TABARE.- Introducción.- Zorrilla de San Martín.
Levantaré la losa de una tumba;
E internándome en ella,
Encenderé en el fondo el pensamiento
Que alumbrará la soledad inmensa.
Dadme la lira, y vamos: la de hierro,
La más pesada y negra;
Esa, la de apoyarse en las rodillas,
Y sostenerse con la mano trémula,
Mientras azota el viento temeroso
Que silba en las tormentas,
Y, al golpe del granizo restallando,
Sus acordes difunde en las tinieblas;
La de cantar sentado entre las ruinas
Como el ave agorera;
La que arrojada al fondo del abismo,
Del fondo del abismo nos contesta.
Al desgranarse las potentes notas
De sus heridas cuerdas,
Despertarán los ecos que han dormido
Sueño de siglos en la oscura huesa;
Y formarán la estrofa que revele
Lo que la muerte piensa;
Resurrección de voces extinguidas
Extraño acorde que en mi mente suena.
E internándome en ella,
Encenderé en el fondo el pensamiento
Que alumbrará la soledad inmensa.
Dadme la lira, y vamos: la de hierro,
La más pesada y negra;
Esa, la de apoyarse en las rodillas,
Y sostenerse con la mano trémula,
Mientras azota el viento temeroso
Que silba en las tormentas,
Y, al golpe del granizo restallando,
Sus acordes difunde en las tinieblas;
La de cantar sentado entre las ruinas
Como el ave agorera;
La que arrojada al fondo del abismo,
Del fondo del abismo nos contesta.
Al desgranarse las potentes notas
De sus heridas cuerdas,
Despertarán los ecos que han dormido
Sueño de siglos en la oscura huesa;
Y formarán la estrofa que revele
Lo que la muerte piensa;
Resurrección de voces extinguidas
Extraño acorde que en mi mente suena.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Incógnita.
Tal vez,algun día
te cuente de mí.
Quizás hablemos y te cuente cosas
que quizás ni yo sé (o no quiero saber)
pues, prefiero seguir con la incógnita
de mí misma
de mi ser
de mi existir
porque... existo estoy y soy
pero ...
qué o quién soy?
qué o quién seré?
y temo saberlo
temo no conformarme
por eso mis labios siempre tiemblan
diciendo
quizás...
tal vez...
te cuente de mí.
Quizás hablemos y te cuente cosas
que quizás ni yo sé (o no quiero saber)
pues, prefiero seguir con la incógnita
de mí misma
de mi ser
de mi existir
porque... existo estoy y soy
pero ...
qué o quién soy?
qué o quién seré?
y temo saberlo
temo no conformarme
por eso mis labios siempre tiemblan
diciendo
quizás...
tal vez...
Venganza.
Es hora,
todo lo indica
Me grita tu alma herida
tu boca susurra
lentamente tu agonía
Sufres, lo sé
sufres por mí
y yo,
estatua marmórea
roca erguida
sólo te miro
y te veo así
como eres
tan pequeño... tan mezquino...
Sufre, sufre mucho
y siente por mí ahora
lo mismo que yo por tí, otrora
Pues ahora puedo
mirarte a los ojos
y decirte firmemente
sin angustias...
vete...
todo lo indica
Me grita tu alma herida
tu boca susurra
lentamente tu agonía
Sufres, lo sé
sufres por mí
y yo,
estatua marmórea
roca erguida
sólo te miro
y te veo así
como eres
tan pequeño... tan mezquino...
Sufre, sufre mucho
y siente por mí ahora
lo mismo que yo por tí, otrora
Pues ahora puedo
mirarte a los ojos
y decirte firmemente
sin angustias...
vete...
En recuerdo de mi madre.
Quisiera tener la pluma afinada
de algun talentoso poeta de antaño
Quisiera ser la idea delicada
que, guiada por alada mano
llegue a tí y te acaricie
y te diga, y te cuente
todo lo que vive conmigo.
Mas mi esfuerzo es vano
y rasgo papel tras papel
pues no consigo
plasmar en uno
lo que egoístamente
encierra mi pecho
y pierdo días, pierdo vida
y no te lo digo...
y ahora pienso
es tan sencillo...
tan sólo tres palabras:
te quiero, mamá ...
de algun talentoso poeta de antaño
Quisiera ser la idea delicada
que, guiada por alada mano
llegue a tí y te acaricie
y te diga, y te cuente
todo lo que vive conmigo.
Mas mi esfuerzo es vano
y rasgo papel tras papel
pues no consigo
plasmar en uno
lo que egoístamente
encierra mi pecho
y pierdo días, pierdo vida
y no te lo digo...
y ahora pienso
es tan sencillo...
tan sólo tres palabras:
te quiero, mamá ...
Mañana volveremos...
Me gusta mirar al cielo
cuando en él brilla el lucero;
me gusta mirar al cielo
y le cuento que aquí te espero;
me gusta mirar al cielo
porque creo que allí te veo ...
Siento tu voz
que resuena en el silencio
todo duerme aún
excepto tú, yo
y el lucero ...
Ya se marchan
el cielo se vuelve mancha
paleta de acuarelas
mano de sol
luz y calor ...
Mañana volveremos,
tú, yo ...
y el lucero ...
cuando en él brilla el lucero;
me gusta mirar al cielo
y le cuento que aquí te espero;
me gusta mirar al cielo
porque creo que allí te veo ...
Siento tu voz
que resuena en el silencio
todo duerme aún
excepto tú, yo
y el lucero ...
Ya se marchan
el cielo se vuelve mancha
paleta de acuarelas
mano de sol
luz y calor ...
Mañana volveremos,
tú, yo ...
y el lucero ...
Vete tranquilo
Gimiendo, llorando
cantando, riendo
olvidando, olvidándote...
Miro a mis espaldas,
te siento y vibro contigo,
ardo contigo...
y no me duele,
no me lastima
el acero de tu desdén,
el filo de tu desprecio...
Sonrío
y te veo nuevamente,
enlazados,
amándonos,
con furiosa ternura,
en apasionado murmullo...
Y no me duele que te vayas,
no me importa,
te tendré siempre aquí,
conmigo,
mirando, tocando,
besando...
Mi mente y mi cuerpo te llamarán,
mas nunca mi voz lo hará.
Mi boca tu nombre
no llorará.
Vete tranquilo,
no vuelvas más.
cantando, riendo
olvidando, olvidándote...
Miro a mis espaldas,
te siento y vibro contigo,
ardo contigo...
y no me duele,
no me lastima
el acero de tu desdén,
el filo de tu desprecio...
Sonrío
y te veo nuevamente,
enlazados,
amándonos,
con furiosa ternura,
en apasionado murmullo...
Y no me duele que te vayas,
no me importa,
te tendré siempre aquí,
conmigo,
mirando, tocando,
besando...
Mi mente y mi cuerpo te llamarán,
mas nunca mi voz lo hará.
Mi boca tu nombre
no llorará.
Vete tranquilo,
no vuelvas más.
Locura
Ahí estás...
puedo verte...
el cabello de niebla
los ojos de luz
los labios, brasa ardiente.
Extiendo mi mano
quiero tocarte,
sentirte,
abrazarte...
vano intento!
ya no estás...
Mis ojos se nublan
mis manos tiemblan
tu imagen se desvanece
se pierde en el tiempo
y en el infinito.
Vuelves
y te vuelves a ir...
por momentos creo
estar loca
y sí... debo estarlo,
pero ¿sabes?
...por tí...
... sólo por tí...
puedo verte...
el cabello de niebla
los ojos de luz
los labios, brasa ardiente.
Extiendo mi mano
quiero tocarte,
sentirte,
abrazarte...
vano intento!
ya no estás...
Mis ojos se nublan
mis manos tiemblan
tu imagen se desvanece
se pierde en el tiempo
y en el infinito.
Vuelves
y te vuelves a ir...
por momentos creo
estar loca
y sí... debo estarlo,
pero ¿sabes?
...por tí...
... sólo por tí...
domingo, 29 de noviembre de 2009
Fragmento de LA LEYENDA PATRIA
Es la voz de la patria... Pide gloria...
Yo obedezco esa voz. A su llamado,
Siento en el alma abiertos
Los sepulcros que pueblan mi memoria,
Y, en el sudario envueltos de la historia,
Levantarse sus muertos.
Uno de ellos, recuerdo pavoroso
De un lustro triste, se levanta impuro,
Como visión que en un insomnio brota
Del fondo nebuloso
A la voz de un conjuro, y su flotante
Negra veste talar mi frente azota.
¡Lustro de maldición, lustro sombrío!
Noche de esclavitud, de amargas horas,
Sin perfumes, sin cantos, sin auroras,
Vaga en la margen del paterno río...
Yo obedezco esa voz. A su llamado,
Siento en el alma abiertos
Los sepulcros que pueblan mi memoria,
Y, en el sudario envueltos de la historia,
Levantarse sus muertos.
Uno de ellos, recuerdo pavoroso
De un lustro triste, se levanta impuro,
Como visión que en un insomnio brota
Del fondo nebuloso
A la voz de un conjuro, y su flotante
Negra veste talar mi frente azota.
¡Lustro de maldición, lustro sombrío!
Noche de esclavitud, de amargas horas,
Sin perfumes, sin cantos, sin auroras,
Vaga en la margen del paterno río...
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Vida
En ocasiones me pregunto
si tiene que ser así.
Tanta tristeza
Tanta oscuridad
Tanta.
Se cansa el espíritu
se agota la alegría
y tiemblo, tiemblo
ante esa idea...
que pase
y se torne irreversible.
Pero luego miro en derredor
veo luz, vida
veo flores, sonrisas, niños
aves,otros animales, cantos
y sonrío yo también:
Amo la Vida
con el bueno con el malo
con sus risas y sus llantos
canciones y dolor
Amo la Vida
sus bellezas, sus miserias
y sus niños harapientos
que nos traen tanto amor.
si tiene que ser así.
Tanta tristeza
Tanta oscuridad
Tanta.
Se cansa el espíritu
se agota la alegría
y tiemblo, tiemblo
ante esa idea...
que pase
y se torne irreversible.
Pero luego miro en derredor
veo luz, vida
veo flores, sonrisas, niños
aves,otros animales, cantos
y sonrío yo también:
Amo la Vida
con el bueno con el malo
con sus risas y sus llantos
canciones y dolor
Amo la Vida
sus bellezas, sus miserias
y sus niños harapientos
que nos traen tanto amor.
La desesperación
Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas la tierra iluminar.
Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.
Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha al parecer,
y luego embravecida
que estalla y que se agita
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.
Que el trueno me despierte
con su ronco estampido,
y al mundo adormecido
le haga estremecer,
que rayos cada instante
caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento
me agrada mucho ver.
La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
y oír como chirrea
¡qué gusto!, ¡qué placer!
Me gusta una campiña
de nieve tapizada,
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre
y sólo se vislumbre
la muerte en derredor.
Allá, en sombrío monte,
solar desmantelado,
me place en sumo grado
la luna al reflejar,
moverse las veletas
con áspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar.
Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas,
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.
Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega,
y arrasa por doquier;
se lleva los ganados
y las vides sin pausa,
y estragos miles causa,
¡qué gusto!, ¡qué placer!
Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar;
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.
Romper después las copas,
los platos, las barajas,
y abiertas las navajas,
buscando el corazón;
oír luego los brindis
mezclados con quejidos
que lanzan los heridos
en llanto y confusión.
Me alegra oír al uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos,
en trino desusado,
cantan al dios vendado
impúdica canción.
Me agradan las queridas
tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello...
¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!
José de Espronceda 1808 - 1842
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas la tierra iluminar.
Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.
Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha al parecer,
y luego embravecida
que estalla y que se agita
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.
Que el trueno me despierte
con su ronco estampido,
y al mundo adormecido
le haga estremecer,
que rayos cada instante
caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento
me agrada mucho ver.
La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
y oír como chirrea
¡qué gusto!, ¡qué placer!
Me gusta una campiña
de nieve tapizada,
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre
y sólo se vislumbre
la muerte en derredor.
Allá, en sombrío monte,
solar desmantelado,
me place en sumo grado
la luna al reflejar,
moverse las veletas
con áspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar.
Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas,
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.
Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega,
y arrasa por doquier;
se lleva los ganados
y las vides sin pausa,
y estragos miles causa,
¡qué gusto!, ¡qué placer!
Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar;
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.
Romper después las copas,
los platos, las barajas,
y abiertas las navajas,
buscando el corazón;
oír luego los brindis
mezclados con quejidos
que lanzan los heridos
en llanto y confusión.
Me alegra oír al uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos,
en trino desusado,
cantan al dios vendado
impúdica canción.
Me agradan las queridas
tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello...
¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!
José de Espronceda 1808 - 1842
lunes, 16 de noviembre de 2009
ETERNIDAD
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