jueves, 17 de diciembre de 2009
Incógnita.
te cuente de mí.
Quizás hablemos y te cuente cosas
que quizás ni yo sé (o no quiero saber)
pues, prefiero seguir con la incógnita
de mí misma
de mi ser
de mi existir
porque... existo estoy y soy
pero ...
qué o quién soy?
qué o quién seré?
y temo saberlo
temo no conformarme
por eso mis labios siempre tiemblan
diciendo
quizás...
tal vez...
Venganza.
todo lo indica
Me grita tu alma herida
tu boca susurra
lentamente tu agonía
Sufres, lo sé
sufres por mí
y yo,
estatua marmórea
roca erguida
sólo te miro
y te veo así
como eres
tan pequeño... tan mezquino...
Sufre, sufre mucho
y siente por mí ahora
lo mismo que yo por tí, otrora
Pues ahora puedo
mirarte a los ojos
y decirte firmemente
sin angustias...
vete...
En recuerdo de mi madre.
de algun talentoso poeta de antaño
Quisiera ser la idea delicada
que, guiada por alada mano
llegue a tí y te acaricie
y te diga, y te cuente
todo lo que vive conmigo.
Mas mi esfuerzo es vano
y rasgo papel tras papel
pues no consigo
plasmar en uno
lo que egoístamente
encierra mi pecho
y pierdo días, pierdo vida
y no te lo digo...
y ahora pienso
es tan sencillo...
tan sólo tres palabras:
te quiero, mamá ...
Mañana volveremos...
cuando en él brilla el lucero;
me gusta mirar al cielo
y le cuento que aquí te espero;
me gusta mirar al cielo
porque creo que allí te veo ...
Siento tu voz
que resuena en el silencio
todo duerme aún
excepto tú, yo
y el lucero ...
Ya se marchan
el cielo se vuelve mancha
paleta de acuarelas
mano de sol
luz y calor ...
Mañana volveremos,
tú, yo ...
y el lucero ...
Vete tranquilo
cantando, riendo
olvidando, olvidándote...
Miro a mis espaldas,
te siento y vibro contigo,
ardo contigo...
y no me duele,
no me lastima
el acero de tu desdén,
el filo de tu desprecio...
Sonrío
y te veo nuevamente,
enlazados,
amándonos,
con furiosa ternura,
en apasionado murmullo...
Y no me duele que te vayas,
no me importa,
te tendré siempre aquí,
conmigo,
mirando, tocando,
besando...
Mi mente y mi cuerpo te llamarán,
mas nunca mi voz lo hará.
Mi boca tu nombre
no llorará.
Vete tranquilo,
no vuelvas más.
Locura
puedo verte...
el cabello de niebla
los ojos de luz
los labios, brasa ardiente.
Extiendo mi mano
quiero tocarte,
sentirte,
abrazarte...
vano intento!
ya no estás...
Mis ojos se nublan
mis manos tiemblan
tu imagen se desvanece
se pierde en el tiempo
y en el infinito.
Vuelves
y te vuelves a ir...
por momentos creo
estar loca
y sí... debo estarlo,
pero ¿sabes?
...por tí...
... sólo por tí...
domingo, 29 de noviembre de 2009
Fragmento de LA LEYENDA PATRIA
Yo obedezco esa voz. A su llamado,
Siento en el alma abiertos
Los sepulcros que pueblan mi memoria,
Y, en el sudario envueltos de la historia,
Levantarse sus muertos.
Uno de ellos, recuerdo pavoroso
De un lustro triste, se levanta impuro,
Como visión que en un insomnio brota
Del fondo nebuloso
A la voz de un conjuro, y su flotante
Negra veste talar mi frente azota.
¡Lustro de maldición, lustro sombrío!
Noche de esclavitud, de amargas horas,
Sin perfumes, sin cantos, sin auroras,
Vaga en la margen del paterno río...
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Vida
si tiene que ser así.
Tanta tristeza
Tanta oscuridad
Tanta.
Se cansa el espíritu
se agota la alegría
y tiemblo, tiemblo
ante esa idea...
que pase
y se torne irreversible.
Pero luego miro en derredor
veo luz, vida
veo flores, sonrisas, niños
aves,otros animales, cantos
y sonrío yo también:
Amo la Vida
con el bueno con el malo
con sus risas y sus llantos
canciones y dolor
Amo la Vida
sus bellezas, sus miserias
y sus niños harapientos
que nos traen tanto amor.
La desesperación
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas la tierra iluminar.
Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.
Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha al parecer,
y luego embravecida
que estalla y que se agita
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.
Que el trueno me despierte
con su ronco estampido,
y al mundo adormecido
le haga estremecer,
que rayos cada instante
caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento
me agrada mucho ver.
La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
y oír como chirrea
¡qué gusto!, ¡qué placer!
Me gusta una campiña
de nieve tapizada,
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre
y sólo se vislumbre
la muerte en derredor.
Allá, en sombrío monte,
solar desmantelado,
me place en sumo grado
la luna al reflejar,
moverse las veletas
con áspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar.
Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas,
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.
Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega,
y arrasa por doquier;
se lleva los ganados
y las vides sin pausa,
y estragos miles causa,
¡qué gusto!, ¡qué placer!
Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar;
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.
Romper después las copas,
los platos, las barajas,
y abiertas las navajas,
buscando el corazón;
oír luego los brindis
mezclados con quejidos
que lanzan los heridos
en llanto y confusión.
Me alegra oír al uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos,
en trino desusado,
cantan al dios vendado
impúdica canción.
Me agradan las queridas
tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello...
¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!
José de Espronceda 1808 - 1842
lunes, 16 de noviembre de 2009
ETERNIDAD
domingo, 15 de noviembre de 2009
Soledad y recuerdo
Debilidad y Fortaleza
Volar
en alas del viento.
Sentir
el alma libre
Recorrer
el espacio y el tiempo.
Etéreo el pensamiento
agil y suave
grácil y frágil ...
¿es realmente difícil?
Soñar ...
Soñar...
Acaso el hombre puede
elevarse por sobre todo
por sobre sí mismo,
sobre sus mezquindades
sobre sus verguenzas
también, ¿por qué no?
sobre sus virtudes
y sobre sus éxitos...?
Soñemos...
algun dia...
quizas...
algo de esto
suceda.-
AYER
AMORES
OTROS AMORES...
LA LOCA DEL BEQUELO
En la enramada de un rancho viejo,
Nido de gauchos cerca de Yi,
Guitarra antigua tierna cantaba,
Más bien, lloraba
La triste historia que escribo aquí.
-¿Sabéis, paisanos, por qué ando errante
Bajo estos bosques de Bequeló?
Me llaman loca; pero es mentira:
Es que no tengo ya corazón...
Venid, paisanos, venid conmigo;
Diré mi historia junto al fogón.
¿Veis mis cabellos? Eran muy negros,
Más que las alas del cuervo, más;
Están muy secos... tan blancos... blancos.
Como las flores del arrayán.
¿Veis estos ojos? ¿No tienen vida?
Pues antes puros como el cristal,
Fueron des luces que se encendieron
En una aurora del Uruguay.
Tristes mis labios son amarillos
Como el pellejo de butyhá;
;Ay! los tenía rojos y alegres
Como el penacho del cardenal.
Allá en la loma como un calvario
Veréis ruinas y un triste ombú;
Fueron mi cuna, fueron mi estancia,
Fueron mi nido verde y azul.
Cuando yo muera, clavad, paisanos,
Bajo aquel árbol mi humilde cruz;
Que allí murieron mis dichas todas;
Allí he perdido mi juventud.
Tenía un esposo que ardiente amaba,
Y un hijo bello que era mi Dios.
¡Ah, qué contenta perdiera el cielo
Si yo pudiera ver a los dos!
Una mañana... ¡Maldita sea!
Cuando esta guerra se pronunció.
Mi esposo tierno me dio un abrazo,
Llorando mucho su hijo besó,
Pálido el rostro tomó su lanza.
Montó a caballo triste, y partió.
Aun me parece lo ven mis ojos
De lejas lomas haciendo ¡Adiós!
¡Ay! mis paisanos, en ese día
Perdí un pedazo del corazón...
Pasaron meses, pasaron años,
Llorando siempre, siempre peor,
Cuando una tarde que al hijo amado
De mis entrañas contaba yo
Del pobre padre, que no volvía,
La ausencia larga, su último adiós,
Cruzando campo, llegó un sargento,
De su caballo se desmontó,
Y al rayo solo de mi esperanza
Estas palabras le dirigió:
¿Ves esta lanza? fue de tu padre;
Por su divisa bravo murió:
Tómala, y vamos, no te demores,
Que en las cuchillas se duerme el sol.
Llorando mi hijo me dio un abrazo,
Montó a caballo, triste, y partió.
¡Ay! mis paisanos, en esa tarde
Quedó mi pecho sin corazón.
Ya van dos veces que las torcaces
Dulces arrullan en el sauzal,
Y los boyeros, cantando alegres,
Cuelgan sus nidos del ñandubay;
Pero no he visto más a mi hijo
Desde esa tarde negra y fatal.
Allá en la loma como un calvario
Veréis ruinas y un triste ombú:
Cuando yo muera, clavad, paisanos.
Bajo aquel árbol mi humilde cruz.
Ésta es la historia que una guitarra
De un rancho viejo, triste lloró.
¡Ay! cuántas locas habrá en mi patria
Como la loca de Bequeló.


