domingo, 15 de noviembre de 2009

Soledad y recuerdo


Recorremos solos el camino
que nos lleva y nos arrastra
y nos obliga
Y nos llena a la vez
de esperanza.
Y digo solos ...
¿acaso alguien nos acompaña?
Somos muchos...
tantos...
Aún así seguimos solos
soñando y esperando
¿acaso crees que vas con otro?
quizás un momento solo,
mas en todo camino hay recodos
y solemos perder algo
o alguien...
Guardemos siempre con nosotros
recuerdos dulces del camino
momentos compartidos con amigos
antes de llegar a los recodos
(Lo bueno sería conservarlos
hasta llegar
al fin de ese camino...)

Debilidad y Fortaleza


Volar

en alas del viento.

Sentir

el alma libre

Recorrer

el espacio y el tiempo.

Etéreo el pensamiento

agil y suave

grácil y frágil ...

¿es realmente difícil?

Soñar ...

Soñar...

Acaso el hombre puede

elevarse por sobre todo

por sobre sí mismo,

sobre sus mezquindades

sobre sus verguenzas

también, ¿por qué no?

sobre sus virtudes

y sobre sus éxitos...?

Soñemos...

algun dia...

quizas...

algo de esto

suceda.-


REFLEXIONES DE MI NIÑO (CUANDO TENIA 4 AÑOS)
"eres la mejor madre que tengo" (eso fue cuando le di un regalito y mientras me abrazaba con toda su fuerza...

"... los gigantes comen hojas de árboles porque no tienen perejil..."
(haciendo comparaciones)

AYER

Ayer,
al pasar tú ami lado
el cascabel de tu risa
me hizo daño
al mezclarse
con el cristal de mis lágrimas.
Ayer,
al pasar tú a mi lado
sentí que todo a mi alrededor
caía
hecho pedazos
un mundo trucado...
Ayer,
con ella ibas de la mano
besos, ternura,
sólo para ella han quedado.
Tú convertiste en pasado
nuestros paseos abrazados
nuestros versos esbozados
nuestro amor aniñado...

AMORES

OTROS AMORES...

La lánguida calidez
la ensoñadora fragancia
de la mañana veraniega
hacen presa en mí
enlenteciendo mis movimientos,
amodorrándome...
La laxitud extrema de mis miembros
me sienta mal,
me acongoja
El aire late
acompasadamente
trayendo cadencias
cadencias misteriosas
de otras épocas
de otras tristezas
de otros amores...
Amores
tristezas
que fueron vivos
y vividos
con nuestra misma pasión
con nuestro mismo dolor
con nuestras mismas
alegrías y emociones
por otros seres
que vivieron
amaron y esoeraron...

LA LOCA DEL BEQUELO

En la enramada de un rancho viejo,
Nido de gauchos cerca de Yi,
Guitarra antigua tierna cantaba,

Más bien, lloraba
La triste historia que escribo aquí.
-¿Sabéis, paisanos, por qué ando errante
Bajo estos bosques de Bequeló?
Me llaman loca; pero es mentira:
Es que no tengo ya corazón...
Venid, paisanos, venid conmigo;
Diré mi historia junto al fogón.

¿Veis mis cabellos? Eran muy negros,
Más que las alas del cuervo, más;
Están muy secos... tan blancos... blancos.
Como las flores del arrayán.
¿Veis estos ojos? ¿No tienen vida?
Pues antes puros como el cristal,
Fueron des luces que se encendieron
En una aurora del Uruguay.
Tristes mis labios son amarillos
Como el pellejo de butyhá;
;Ay! los tenía rojos y alegres
Como el penacho del cardenal.

Allá en la loma como un calvario
Veréis ruinas y un triste ombú;
Fueron mi cuna, fueron mi estancia,
Fueron mi nido verde y azul.
Cuando yo muera, clavad, paisanos,
Bajo aquel árbol mi humilde cruz;
Que allí murieron mis dichas todas;
Allí he perdido mi juventud.

Tenía un esposo que ardiente amaba,
Y un hijo bello que era mi Dios.
¡Ah, qué contenta perdiera el cielo
Si yo pudiera ver a los dos!
Una mañana... ¡Maldita sea!
Cuando esta guerra se pronunció.
Mi esposo tierno me dio un abrazo,
Llorando mucho su hijo besó,
Pálido el rostro tomó su lanza.
Montó a caballo triste, y partió.
Aun me parece lo ven mis ojos
De lejas lomas haciendo ¡Adiós!

¡Ay! mis paisanos, en ese día
Perdí un pedazo del corazón...

Pasaron meses, pasaron años,
Llorando siempre, siempre peor,
Cuando una tarde que al hijo amado
De mis entrañas contaba yo
Del pobre padre, que no volvía,
La ausencia larga, su último adiós,
Cruzando campo, llegó un sargento,
De su caballo se desmontó,
Y al rayo solo de mi esperanza
Estas palabras le dirigió:

¿Ves esta lanza? fue de tu padre;
Por su divisa bravo murió:
Tómala, y vamos, no te demores,
Que en las cuchillas se duerme el sol.
Llorando mi hijo me dio un abrazo,
Montó a caballo, triste, y partió.
¡Ay! mis paisanos, en esa tarde
Quedó mi pecho sin corazón.

Ya van dos veces que las torcaces
Dulces arrullan en el sauzal,
Y los boyeros, cantando alegres,
Cuelgan sus nidos del ñandubay;
Pero no he visto más a mi hijo
Desde esa tarde negra y fatal.
Allá en la loma como un calvario
Veréis ruinas y un triste ombú:
Cuando yo muera, clavad, paisanos.
Bajo aquel árbol mi humilde cruz.

Ésta es la historia que una guitarra
De un rancho viejo, triste lloró.
¡Ay! cuántas locas habrá en mi patria
Como la loca de Bequeló.

Ramón de Santiago (1833-1900)
URUGUAYO.-